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1.1 El pasado de los pueblos indios
1.1.3.1 Culturas preincáicas

Durante este periodo de los desarrollos regionales se produjo un intenso tráfico de manufacturas, propias entre lo que actualmente se conoce como el altiplano peruano-boliviano con las regiones de la costa. Los habitantes del altiplano aprovecharon la riqueza agropecuaria y lacustre de la zona costera, que estuvo acompañada de desarrollos tecnológicos ligados a obras hidráulicas muy variadas. De esta época son los andenes o “camellones” y “cochas”,26 que posibilitaron un mejor rendimiento agrícola; asimismo se sabe de la existencia de diversos sistemas de riego y del desarrollo de estrategias productivas tendientes a la creación de infraestructura agraria; además, existen testimonios del aprovechamiento de materias primas, como piedras semipreciosas para la metalurgia y la producción de objetos suntuarios para culto o adorno. De estos desarrollos regionales surgió uno de gran desarrollo cultural, que fue potencia económica y social, al que conocemos con el nombre de Tiwanaku, en Bolivia.

Las manifestaciones de los desarrollos regionales característicos de esta región de los Andes, durante el periodo formativo, tienen su expresión más definida en los estilos artísticos, que se expresan en todo tipo de materiales. Se crearon obras de arte características de cada desarrollo regional, tanto en cerámica, como en los tejidos, lo que dio lugar a una iconografía 27 diferenciada, aun cuando se aprecian temas comunes. Por ejemplo, la cerámica moche es esencialmente escultórica, con un diseño plano que destaca por su sobriedad y naturalismo, mientras que la de nasca es pictórica, con uso de muchos colores, y cuyo estilo evolucionó de formas naturalistas a simbólicas. El estilo tiwanaku, por su parte, presenta fuertes rasgos geometrizantes, con motivos también policromos

Sobre el desarrollo tecnológico basado en la irrigación, que caracterizó a los desarrollos regionales del periodo formativo, se impuso progresivamente una organización militarista de expansión, fundamentada en la guerra, que fue desplazando a la estructura anterior. Hacia los siglos III o IV de nuestra era, los centros urbanos se enfrentaron unos contra otros en la lucha por el prestigio y el poder. En la base de estos conflictos se encontraban los campesinos, como botín de conquista.

En la zona de Ayacucho se desarrolló la ciudad de Wari, entre los siglos IV y V de nuestra era. Centrada en la producción manufacturera de textiles y cerámica, además de una intensa actividad de intercambios de larga distancia de bienes de lujo de pedrería, orfebrería, maderas finas y otros arículos, Wari desarrolló una estructura económica y política propia, que tenía su fundamento en el desarrollo agrícola de los valles de Huanta, San Miguel y Pampas.

Los habitantes de Wari organizaron poderosos ejércitos que conquistaron numerosos pueblos hasta conformar un gran Estado imperial que sometió a los habitantes de Perú, desde Lambayeque y Cajamarca por el norte, hasta Arequipa y Cusco por el sur. Wari imprimió el patrón de vida urbana en el área donde ejercía influencia y, con él, una religión común: sus dioses ocuparon los altares de todas las poblaciones y sus imágenes se plasmaron en tejidos y vasijas, desplazando a los anteriores dioses locales o regionales.

El imperio Wari creó una extensa red de caminos en el espacio común, conocido como Chinchaysuyo.28 Además, estableció un sistema de depósitos en los territorios dependientes, generalizó en sus dominios el uso de técnicas de producción en serie y, de modo notable, el uso del sistema de registro de información que se conoce como quipu o kipu, hecho con cuerdas y nudos, que perfeccionaron más tarde los incas del Cusco.

El sometimiento de toda la zona Chinchaysuyo, desde fines del siglo V hasta los inicios del siglo X, sirvió para homogeneizar los patrones de vida andinos a partir del modelo wari, con elementos de origen ayacuchano que perduraron casi hasta el siglo XVI. Se considera que muchas de las instituciones, mitos y creencias incaicas que encontraron los castellanos nacieron en tiempos de Wari. Su declinación y caída se debió a que en los procesos de expansión estimuló el desarrollo urbano de sus sociedades conquistadas; por tal razón, algunas de ellas, como Pachacamac, en Lima, crecieron tan vigorosas como la propia capital del imperio en Ayacucho. Por otra parte, algunos arqueólogos piensan que en su declive también influyeron los cambios climáticos que afectaron el desarrollo agropecuario.

Después de la caída del imperio Wari, hacia el siglo XI, se integraron señoríos 29 a lo largo y ancho de la zona andina y regresó la diversidad regional que en ningún momento había desaparecido por completo.

En torno al lago Titicaca continuó la tradición tiwanaku, hasta que se descompuso en varios pequeños señoríos como los de Omasuyos, Pacajes, Lupacas y Collas, de habla aymara. En Trujillo, donde antes se desarrolló la cultura moche, se consolidó el reino de Chimú; en Lima surgió Chancay e Ischma; en Ica aparecieron los señoríos de Chincha e Ica; en el de Vilcanota, el señorío del Cusco que daría origen al imperio de los incas; en el Mantaro los wankas y en el Pampas los chancas.

En estos asentamientos, en constantes pugnas, la población urbana no fue muy abundante. En ciudades de grandes dimensiones, como Chan Chan, la capital del reino de Chimú, que podía albergar quizá hasta 50 mil habitantes en ocasiones especiales, los habitantes regulares no pasaban de cinco mil; las construcciones servían como oficinas, almacenes, salones, espacios para audiencias, templos y tumbas, pero no como habitaciones. Las edificaciones que servían como viviendas y dormitorios fueron pocas, salvo el reducido número de casas populares, ocupadas por artesanos y tal vez mercaderes, que rodeaban los palacios.

Chan Chan estaba diseñada como una serie de ciudadelas cercadas por murallas. En el interior de cada ciudadela se construyó un laberinto de cuartos, patios, terrazas, montículos piramidales y reservorios de agua. Plenamente ocupada, cada ciudadela podría contener miles de habitantes, aunque, posiblemente, en sus recintos sólo vivieron pocas personas. Cada ciudadela era el palacio construido por un gobernante que, al morir, se transformaba en un mausoleo dedicado a su culto, sin otra función administrativa; la ciudadela se convertía, así, en recinto funerario, con graneros y otros depósitos, administrado por funcionarios y allegados del difunto, que continuaba viviendo en la memoria y en la vida social de la ciudad.30

En esta época la metalurgia entró en su apogeo, por lo que se generalizó y perfeccionó la fabricación de adornos y armas, además de instrumentos de trabajo como azadones, cuchillos o tumis, hachas, cinceles y punzones.

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26 Los camellones son una forma de riego por inundación y las cochas son modificaciones del suelo para proteger los cultivos de las heladas, propias de una región de gran altura sobre el nivel del mar.
27 Integra la disciplina de descripción de imágenes artísticas y también su colección; estudia su origen y formación, su relación con lo simbólico, así como su identificación por medio de los atributos que les acompañan.
28 El centro del mundo incaico era Cusco y, desde allí, se dividían las cuatro regiones o suyus (en quechua). Chinchaysuyo (mirando hacia el “mar del norte” según Guamán Poma), era el país de la etnia chincha, hacia el noroeste, en dirección a Túmbez, en el límite con Ecuador, que conformó la región norte del imperio, desde Pasto hasta la actual provincia peruana de Caravelí. Esta provincia constituyó un reino comerciante en lo que actualmente es el departamento de Ica. Las otras tres regiones incas eran: hacia el sudoeste, pasando por Puno y Mollendo, el Kuntisuyu (mirando hacia el “mar del sur” según Guamán Poma); hacia el este, el territorio selvático que lleva a Brasil, el Antisuyo; y, hacia el sur, en dirección al actual Chile, pasando por la cuenca del Titicaca, el Qullasuyo.
29 Sistema social y político organizado con base en la posición social superior económica de la nobleza, que estructura un régimen dominado por un grupo especial que cobra u obtiene productos o trabajo de sus subordinados, lo que integra los derechos señoriales, que se sustentan en relaciones y normas de origen político y judicial, que incluso pueden tener su origen en ideas religiosas que hacen diferente al grupo dirigente, quien puede considerarse como de origen o naturaleza divina.
30 Los gobernantes eran reconocidos como dioses y se contaban largas y complejas historias sobre su origen y su misteriosa presencia en el poder, a partir de leyendas que deben haber surgido en el seno mismo de la invasión wari; así, los señores de Lambayeque construyeron la leyenda de que provenían de un héroe llamado Ñamlap, que llegó a las tierras áridas del norte desde un lugar remoto jamás visto ni oído, acompañado por una corte señorial propia de la fantasía oriental. Por otro lado, los chimúes inventaron que procedían del señor Taycanamu, de cuya descendencia procedían quienes gobernaban el reino, y los incas del Cusco desarrollaron la leyenda de que procedían de cuatro misteriosos hermanos, apellidados Ayar, cuyo fundador era hijo del dios Sol, Manko Qapaq, quien había llegado a Cusco y establecido la ciudad por mandato de su divino padre, quien sería reconocido como el primer inca.