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1.1 El pasado de los pueblos indios
1.1.3.2 Los incas

Las condiciones de conflictos y competencia interregional fueron el ambiente en el que se formó el imperio de los incas, entre los siglos XI y XII. El imperio incaico se originó a partir de los señoríos de Cusco, fuertemente ligados a la zona del Titicaca.

El gran lago sagrado era la paq’arina, lugar de nacimiento de los fundadores y sus dioses.

Los incas lograron un importante desarrollo económico agropecuario en la cuenca del Vilcanota-Urubamba, que combinaron con desarrollos en las cordilleras y el acceso a los recursos de las tierras amazónicas, hacia el norte y este, así como a los del altiplano del lago Titicaca, hacia el sur. Integraron a su dominio el área del antiguo imperio Wari, que correspondía al Chinchaysuyo de los cusqueños, adicionándole la selva oriental, el Antisuyo, la región del Titicaca, el Collasuyo, y las tierras áridas del sur, el Contisuyo; además, conquistaron los cuatro suyos, por lo que llamaron a su imperio el Tawantinsuyo o “la tierra de las cuatro regiones”.

Los incas adaptaron a las necesidades propias del nuevo imperio toda la experiencia acumulada en una tradición de siglos de orden urbano; su expansión se iniciaba con el trato comercial y diplomático entre Estados y grupos de poder, y concluía con el sometimiento violento, si las negociaciones no daban resultado. Desde el siglo XIV y comienzos del XV, los incas se expandieron por los Andes, desde Pasto, en la actual Colombia, hasta Picunche, en Chile, al sur de Santiago; sometieron bajo su dominio los territorios del actual Ecuador, Perú, Bolivia, el noroeste argentino y el norte y centro de Chile. El suyo era, sin duda, uno de los más grandes imperios americanos a la llegada de los españoles.

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